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El evangelio de la violencia


“Por fiel que uno quiera ser, nunca deja de traicionar
la singularidad del otro a quien se dirige”.

Jacques Derrida
La Divina Comedia
La ola de violencia que actualmente padece México nos obliga a un momento de reflexión sobre este fenómeno. A partir de los orígenes de la teoría política moderna, diversos autores han lidiado con un hecho particularmente perturbador: la violencia es constitutiva de lo político.
El motivo fundamental para ello radica en que el deseo es el auténtico motor de la existencia humana y el deseo rara vez se atiene a respetar las fronteras de los demás.
La violencia germina, pues, en la propia interacción humana cuando la satisfacción de los deseos de uno o unos coarta la libre voluntad de otros. Creo también que no se debe confundir, por tanto, la violencia con la agresividad, que es la tendencia impulsiva a actuar de manera violenta.
De igual manera no se debe de confundir violencia con agresión física, que es únicamente la forma más primitiva de la violencia. De hecho, existen distintos tipos de violencia que podemos distinguir en función de diferentes criterios como violencia psicológica o física, la violencia estructural, la violencia individual o de masas, la violencia directa o indirecta.
La violencia, difiere de una sociedad a otra; es un producto esencialmente cultural. Aunque la violencia pueda variar de acuerdo con su significado cultural, existen sociedades que conceden niveles de violencia muy superiores a otras, una y otra vez se comprueba la permanencia de la violencia en la naturaleza de todo orden político. Quienes desean modificar la sociedad allí donde no existen cauces institucionales para hacer efectiva su voluntad legítima han de hacer frente al problema de la violencia.
La violencia en la política continua siendo un medio para dominar a otros y establecer o preservar un determinado orden social, la constante relación entre poder y violencia lo hace un tema complejo con consecuencias sociales y políticas. La violencia es un hecho consustancial a la política. Podemos ser partidarios de ella u oponernos a que sea una herramienta política, pero no podemos erradicarla.[1]
No debemos de caer en la tentación de insensibilizarnos y dar por sentado como parte de nuestra cotidianidad a la violencia, dado que todo orden conocido se sostiene sobre un monopolio de la violencia, quienes desean transformar el mundo han de enfrentarse antes que después al problema que plantea su misma ubicuidad.


[1] Jackman, M. (2001). License To Kill: Violence and Legitimacy in Expropriative Social Relations.

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One Trackback

  1. By Webmaster on June 11, 2010 at 2:32 am

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