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Mis días efímeros

Mis dias efímeros

Cooltüra

“El poder es un fin y la violencia

Un instrumento”
Hannah Arendt
No es fácil, no podía creerlo. Me lo contó la psicóloga Ana Lucía Ponce. Hay niños que en el patio de la escuela y en los parques juegan a matar y violar al contrario. No a simular el acto sexual, sino a forzarlo sin consentimiento. Ana Lucía no sabe el por qué, si imitan una conducta que ven en casa o siguen la consigna de un nuevo videojuego. Quizá es la visión de una película xxx mal interpretada por los ojos de un niño y trasladada a un hecho violento.

Siempre que un niño por accidente presencia sexo explícito lo toma como un acto de agresión, no de placer, me dice. Lo cierto es que sucede, al igual que juegan al pressing catch ante la mirada ausente de padres y profesores. Algunas escuelas ya han evitado heridos, castigando esta moda peligrosa derivada de emitir violencia gratuita en horario escolar.

¿Acaso los de mi generación no vimos películas de gente mutilando a otra como en Hostel, gánsters ametrallando a policías o interminables balaceras entre miembros del crimen organizado en horario familiar y nocturno en nuestro paraíso tropical? La diferencia es que a menudo un adulto nos contaba lo que no comprendíamos. Ahora nuestros hijos ven la tele solos, y a menudo en su habitación. No deberíamos dejar volar su imaginación ante una caja tonta, son pues el homo-videns del que nos describe de manera magistral Giovanni Sartori.

De los consejo de Juan R. Campuzano

“En la vida te encontrarás con muchos imbéciles. Si te hieren, piensa que es la estupidez la que les empuja a hacerte daño, así evitarás responder a su maldad. Porque no hay nada peor que el rencor y la venganza”.

Hay en el comportamiento humano actitudes que sólo explican su estupidez por el uso de tradiciones o convicciones que se explican a sí mismas. Conductas en las que la razón del que las aplica queda relegada a un segundo plano. Podríamos denominarlas “autolavado de conciencia”

Otras actitudes sólo podemos atribuirlas a la estupidez o la soberbia. Podemos sacar esta conclusión: cuidado con el que no cambia o corrige su opinión. Esta reflexión viene al hilo de las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador gracias adiós candidato perdedor a la Presidencia, que no dejan de martillearme la cabeza. No nos dejemos llevar por el rencor.

El valor de los insultos

Los insultos para expresar algo malo deben de superar los 2 céntimos. Durante mi estancia en Madrid quizá el más corriente era el de hijo de puta. Hasta ahora hijo de puta o hijoputa eran el más alto grado en descalificación y ofensa. Su uso, muy coloquial en Madrid, es en otras latitudes motivo de reyerta y debe usarse con precaución.

Ahora que la prostituta es una profesional tan respetable como otra cualquiera y siendo la hijoputez una virtud para dirigir una empresa o escalar posiciones en el mundo laboral, se necesitaba el relevo. Y ya lo tienen, es el hijode. El hijode puede arruinarte la vida y no lo digo porque ocupe horas vacías en nuestra cotidianidad, no, un hijode puede llevar a la ruina a la empresa donde trabajas, aparte de por torpe, por la freudiana necesidad de cargarse al hijo de puta de papi que lo colocó en ella. Hay que ser hijode. Cuando quieras partirte la mother con alguien en Madrid o Acapulco, llámele hijode, no se lo perdonarán ni en Chilpancingo. Navojoa, Sonora a 13 de Abril del 1945.

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